¿En qué se relaciona el antiguo I Ching con la fe en Cristo?
Si se entiende o traduce esa pregunta como: ¿qué relación existe entre un arte adivinatorio de origen chino con la religión cristiana o la cristiandad y su cultura? ¿O cómo se puede unir lo bíblico con el I Ching? Entonces nos ubicamos en otro plano y, por ende, en una respuesta diferente.
Las religiones requieren dogmas separados rígidamente de otros estamentos bajo el mismo contexto. Y eso se entiende porque el factor de poder de una religión está en su ‘verdad única’ y en su ‘exclusiva validez’. Siendo así, cualquier otro pensamiento, creencia, credo o cultura religiosa suele ser contrario a lo ‘bueno’ de la propia afirmación.
El modo de enfrentar religiones entre sí suele ser el litigio, el juicio, la denostación y la aserción sectaria del propio sustento. Y tratándose del I Ching, suelen surgir dos elementos notorios: la ignorancia sobre la historia de China, en especial de su antigua procedencia, de su ciencia y de su cultura; y, como segundo factor, el mote de ‘adivinación’ que prefiere colocarse al I Ching, fomentando la animadversión bíblica que prohíbe cualquier tipo de oráculos al margen de la autenticidad religiosa judeocristiana.
La psicología advierte que todo acto de violencia sea pasivo como directo y manifiesto, proviene del miedo, y el mayor pavor en el Ser común es enfrentar aquello que siente o percibe como amenaza a sus esquemas y bases de creencias. El temor ante lo que no se conoce conlleva discriminación y enjuiciamientos carentes de fundamentos. Esa enfermedad se elimina con La Información, con la Indagación, con la Investigación. Para que una postura sea el fruto de un debido Discernimiento es menester contar con DATOS y disminuir el RELATO.
La pregunta que se expone nos obliga a entender en su raíz, sentido y propósito, además de su historia, el contenido del Libro de los Cambios. Sin este Dato no podemos responder a la demanda. Luego, ceñirse a ‘la fe en Cristo’ nos conduce fuera de los cánones religiosos y nos eleva a fijar conceptos sustanciales de la Fe, y del Cristo.
Si la fe es la creencia, o el lazo institucional a una religión, o no es algo propio, sino que es un factor de poder que depende solamente de Dios, y en donde el Ser humano no es más que un receptor… entonces no estamos tratando la Fe desde la misma visión.
Tomemos un simple hecho: cuando la mujer enferma tocó el manto de Cristo en Jesús, éste le dijo ‘Tu fe te ha salvado’. Por la fe podemos decir a esa montaña ‘échate al mar’ y esta se moverá. Entendemos, y Cristo nos enseña, que la Fe es una fuerza espiritual en la persona, y es ‘espiritual’ porque la Fe es la expresión de la fuerza del Espíritu. Y el mismo Cristo nos hereda la afirmación de que el Espíritu en el Hombre es el comunicador, el lazo de encuentro, entre el Creador y su criatura. (‘Oren al Padre en espíritu, porque Él Es Espíritu’).
La Fe es la fuerza que da certeza, convicción y poder espiritual. Lejos está de la relativa ‘fe de la esperanza’.
Ahora bien, el Cristo, según declaración de Juan, es el Verbo, el Cocreador, y divinidad en grado de encarnar, como lo hizo en Jesús, para cumplimiento del Plan que emana de un Reino de la Vida que escapa de lo temporal, carnal, material, y al cual los Hombres debemos postular desde la Fe activa, coherente y en unidad con la Virtud.
El Cristo es antes de Jesús, fue En Jesús y sigue siendo -después de Jesús- el Cristo en su potestad divina.
En tanto, el I Ching nos llega a Occidente parcialmente y sin una base sólida de previo saber sobre su historia y propósito. Tomado en los años 30 del siglo pasado como parte del esoterismo y del espiritismo, se especuló sobre su supuesta condición adivinatoria. Consideremos que, si el misionero adventista Richard Wilhelm hubiese intuido siquiera que de magia o adivinación se tratase, seguramente no lo habría traducido en más de diez años de labor complicada y dedicación significativa. Fue justamente su profunda Sabiduría y su decidida postura en favor del Bien y la Virtud aquello que llevó al cristiano adventista a encontrar semejanzas y coincidencias con la idea más profunda de su fe.
No se conoce ningún tratado serio de algún pensador cristiano que argumente con solidez el argumento que sostiene que el I Ching es diabólico, ajeno, contrario y hasta ‘peligroso’. Y sí se sabe del tratamiento que los jesuitas en China hicieron de este contenido, y en ningún pasaje se puede hallar un punto que permita sostener argumentos tan extremos como falaces.
Hay dos fundamentos que unen al I Ching con la herencia o testamento espiritual del Cristo: La Virtud y la Sabiduría.
Si separamos las Ocho Virtudes y las colocamos bajo el cristal de la enseñanza del Cristo, constatamos no solamente coincidencias, sino un sentido profundo de conexión espiritual y moral. Y si compenetramos el lenguaje del I Ching con la Palabra del Cristo en los evangelios sinópticos y en los No-canónicos, concluimos que La Sabiduría es la norma y la nomenclatura que unifica a quienes sirven al Bien y al Plan del Soberano Celeste.
El I Ching no es cristiano porque no se liga a la cristiandad histórica y geográfica, menos ‘religiosa’. Pero su esencia y profundidad no es contraria a la sabiduría de la Fe que enseña el Cristo. Y la Virtud y la Sabiduría del cristianismo no poseen raíces culturales en la China antigua, pero, como lo constató R. Wilhelm, su propósito conduce a la misma altura de Conciencia que extrae al humano de su mundanidad y dependencia del Mundo (entendiendo ‘el Mundo’ como el sistema o modelo que no permite que el Ser humano logre las alturas de la Vida y la Verdad que el Cielo ofrece y abre para todo Ser de Buena Voluntad).
Incluso en seguidores del I Ching hay demasiada ignorancia sobre el verdadero potencial y propósito del I Ching. A lo más, se le quiere tratar como instrumento para guiar el instinto, la propia percepción de una realidad que se quiere y se anhela. Y eso parece mágico, espiritual o extraordinario. Pero en realidad es una burda maniobra de la psiquis que halla en algo desconocido o difícil de conocer una especie de sarcófago de las invenciones para fantasear un camino propio y subjetivo.
Lo hemos dicho, enseñado y escrito: mientras más se conozca el I Ching en sus leyes, fórmulas matemáticas, contenidos de Virtud y visión del Camino Medio y del Hombre Superior… menos especularemos y más nos ceñiremos a su real contenido. Entonces comprobaremos que no hay adivinación, sino cálculo de probabilidades que nacen de una realidad (la persona, el tiempo, los hechos, las condiciones, etc.) sujeta al Cambio, en donde el Ser humano posee poder: el de cambiar el itinerario si controla al tiempo y conoce sus circunstancias.
Hay un pasaje en la enseñanza del Cristo que define la unidad de Sabiduría entre lo Cristico y el I Ching:
Mateo7:21/22/23
“No todo el que me dice: ‘¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en Su Reino. Porque vendrá el día en que dirán: ¡Señor, Señor! profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros…’ Pero entonces les responderé: ‘No los conozco… ¡Atrás, hacedores de maldad!’ “.
Es decir, no basta con ‘hacer’, incluso ‘cosas grandes’, según la creencia y la religión, sino que para entrar al Reino de la Vida se debe poner por obra un designio que resulta de la Voluntad del Creador. ¿Y cómo procedemos para no ‘hacer’ lo que creemos y sí poner por obra un designio que ya debiera estar en nosotros para su cumplimiento?
El I Ching enseña que cada Ser posee una índole, una fuente de información que lo hace ser quien es, y determina tiempo y espacio en el cual existe, y en esta fuente interior se encuentra la llave para trascender la calidad temporal y humana (terrenal) y elevarse a la condición extraviada de la divinidad.
El I Ching es un radar interior que conduce a la persona a la conciencia de su índole, para conocer la Voluntad o Designio que le une a Su Señor (enseñanza del sistema Circular de la Luz -Secreto de la Flor de Oro).
El I Ching no reemplaza a Cristo en su divinidad salvadora, sino que se coloca al servicio del Ser humano para que por fin abandone lo común de lo mundano y carnal para lograr la Meseta del Camino Medio que le permita entender y entenderse con Dios.
El resto, será siempre OPCIÓN de la persona. Y toda Opción debe ser libre. Y para que la libertad sea real, verdadera y un poder, debe asumirse en alturas, conociendo las leyes del Cielo y ponderando las leyes de la Naturaleza y observando objetivamente la calidad del Hombre y de su sistema. Es decir: logrando la calidad de Ser Superior, y no para dominio o jactancia, sino para Optar en Conciencia.
El I Ching en su verdadero rol y la Fe en el Cristo Dios se unen en un punto crucial: en el Hombre (varón y mujer por igual) … que debe recuperar su deidad extraviada.