Mar 9 2026

La Sabiduría del I Ching aplicada a los tiempos que vivimos

(11: La Paz)

En el orden de los 64 signos (hexagramas) del I Ching, se nos enseña que aquellos cuyo puesto o número es Impar deben asociarse como desarrollo o entreverado con el siguiente signo Par.

El signo 11, la Paz, en este caso, deriva horizontalmente en su acompañante Par, el número 12, el Estancamiento.

En esencia, La Paz entendida bajo La Sabiduría del Libro de los Cambios establece que el mayor desarrollo humano y el lapso de mejores frutos para una sociedad se verifica en el Tiempo de La Paz. Resalta que La Paz requiere de gran esfuerzo para mantener su vigencia.

Leemos en ‘Secuencia’: “Moralidad y contento, luego reina tranquilidad y por eso sigue La Paz. La Paz significa unión, conexión”.

En “Sentencia” dice: “La Paz. Lo pequeño se va, llega lo grande. ¡Ventura! ¡Éxito!” El Cielo y la Tierra se unen en armonía, de ahí paz y bendición para todos los seres. En el mundo hay concordia social: los de arriba condescienden con los de abajo y los de abajo sienten amistad hacia los de arriba. En el centro, en el interior se halla lo luminoso; lo oscuro afuera. Ambas partes obtienen lo que les corresponde, pues lo luminoso actúa con fuerza y lo oscuro transige. Al interior de un gobierno los buenos tienen la posición central; si es así, teniendo en sus manos el gobierno, pueden ejercer influencia sobre los malos, quienes, al sentir ese influjo, se tornan mejores. Si en el Hombre reina el Espíritu que viene del Cielo, alcanza también dicho influjo hasta la sensualidad y la pone en su sitio. Los débiles, los pequeños y los malos se están yendo y ascienden los fuertes, los grandes, los buenos. Este hecho produce ventura y éxito.”

Establece primero una condición cósmica y espiritual: que lo terrenal y la altura de lo celestial o Macro marchen al unísono y en armonía. Tal es la mayor condición para la Paz.

Luego establece que en este mundo debe haber ‘concordancia social’. Se requiere un gobierno sabio, con claro sentido del Bien para establecer una fuerza moral que anule al malo o a la maldad.

Podemos decir, enfrentándonos a la realidad mundana imperante, que tales principios de Paz no existen ni se manifiestan en este mundo. Se da, si acaso, lo contrario y opuesto a la ponencia que nos plantea el I Ching.

En ‘Signos Entreverados’ podemos leer: “Estancamiento y Paz de acuerdo con su índole son antagónicos”.

Es decir, la íntima relación de ambos signos, en donde el número 12 (Estancamiento) deriva del signo 11 (La Paz) define que el antagonismo que detiene y merma los estados de Paz no es su opuesto polar (la guerra), sino que es el proceso engañoso de girar en torno a propósitos que hunden al Hombre y a una nación, o al mundo, en supuestas problemáticas sin solución que  boicotean los estados de Paz, y son asumidos como ‘condiciones de treguas’.

Explica la Sentencia del signo 12: “Este signo es el opuesto exacto del anterior. El Cielo se retira cada vez más. La Tierra abajo desciende cada vez más. Las fuerzas creativas están desconectadas. Tiempo de la decadencia. Durante el Estancamiento superiores e inferiores quedan sin unión.”

En su Sentencia o Dictamen leemos: “Hombres malignos no favorecen la perseverancia del Noble. Lo grande se va, llega lo pequeño”. “Cielo y Tierra no mantienen contacto y todas las cosas se mantienen rígidas. Superiores e inferiores no tienen relación; confusión y desorden reinan sobre la Tierra. En lo interior está lo oscuro y afuera está lo luminoso. Adentro, debilidad; afuera, dureza; adentro están los vulgares, y los Nobles afuera. Asciende la índole de los innobles. Los Nobles, sin embargo, siguen leales a sus principios y se retiran ocultándose, pues no les queda posibilidad de acción

Para la Sabiduría, lo opuesto a la Paz es la acción de Estancar cualquier armonía y reciprocidad y colocar a las partes en directa confrontación, de modo que, instalándose la sensación de ‘no ir a parte alguna’ o ‘estar hundiéndose’, el Vulgar pueda gobernar inventando situaciones de guerra que se llevan a cabo en el nombre de la Paz y ‘para salir del Estancamiento’.

‘Los Nobles’, es decir, las personas leales a su espiritualidad, valores, principios de Bien y de Virtud deben ‘retirarse’ (ver signo 33) y actuar como se describe en la misma situación que aconseja algo similar, en el signo 36.

La sexta línea del signo 36 nos enseña que las tinieblas, llegando a su máxima maldad y expansión, caen por inercia de su propio peso, y la luz resurge. La sexta del signo 1 (El Creativo) nos enseña que el dragón soberbio finalmente cae a los abismos. Y en la Retirada (33) se nos indica que la misma es una Observación profunda de la realidad que posteriormente nos llevará a tomar las mejores y más justas decisiones.

En este tiempo contrario a la Paz, de Estancamiento (12) y de predominio oscuro (36), no debemos intentar resolver las falsas contradicciones que los gobernantes de la guerra nos presentan, y tampoco luchar con desgaste inútil por imponer la Paz, porque las condiciones para la Paz requieren que la ofensiva de los vulgares y tenebrosos cese, se agote y caiga, para, en tal lapso, instalar la Paz según los principios y sentido que nos enseña La Sabiduría.

Y así como es en el mundo, también lo es en lo personal: nunca se logrará el fin del pleito (signo 6) entrando en los nudos del conflicto, porque al final, en lugar de disolver, habrá mayor enredo. Como enseña el signo 61 (la Verdad Interior), para que la verdad se imponga, se requiere fidelidad a la Verdad Interior acompañada de silencio, retirada y no confrontación. Sin nutrición por parte del Noble, el litigio se desmorona y agota su fuerza. Cuando eso sucede, el Noble habla con su Verdad en forma serena, firme y evidente.

Lo mismo aplica para la Paz. Esta debe levantarse como bandera plausible cuando la ofensiva de la estúpida violencia agota su tiempo.

¿Qué hacer en tiempos de tribulación? Observar desde la altura espiritual, fomentar y nutrir la fe de mayor sabiduría y buen discernimiento, potenciar la Coherencia como Verdad Interior, ponderar el camino propio para sanar de errores, arrepentirse y perdonar, es decir: purificar para impulsar un Nuevo Inicio (signo 64). Potenciar el Bien y la Virtud como Posesión de Poder real y vivencial (signo 14), y como Contemplando desde una alta colina, corregir propias causas según los efectos nacidos de la propia acción y decisiones (signo 20). Todo lo anterior con un propósito: lograr la Permanencia que nos enseña el signo 32 y postular al ascenso que nos ilustra el signo 19.

Así, de este modo, saldremos victoriosos de este tiempo aciago, y no nos ahogaremos en su lodazal y mar de mentiras.